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La carne de cerdo es muy utilizada en la cocina profesional, apreciada por su sabor, jugosidad y versatilidad en la preparación. Puede presentar diferentes niveles de grasa según el corte, lo que permite adaptarla a platos a la parrilla, asados, guisos o fritos.
También es una buena fuente de proteínas de alto valor biológico, vitaminas del complejo B y minerales como el hierro y el zinc.
El lomo de cerdo procede de la zona dorsal del animal, siendo una pieza larga y uniforme. Se caracteriza por ser una de las carnes más magras del cerdo, de textura firme, y puede presentar o no una capa de grasa. Debe asarse entero o cortarse en filetes para asar a la parrilla o freír, garantizando una cocción que preserve su jugosidad. Se utiliza en platos como el lomo asado al horno o en filetes de lomo para platos más rápidos.
La paleta de cerdo procede de la extremidad anterior y presenta carne con algo de grasa entreverada. Es un corte versátil, apreciado por su textura y sabor. Debe guisarse o asarse lentamente, lo que permite obtener una textura tierna. Se utiliza mucho en guisos, asados a la cazuela y también en la elaboración de carne picada.
La panceta de cerdo corresponde a la zona abdominal del animal y se caracteriza por su elevada proporción de grasa y su intenso sabor. Debe asarse a la parrilla o al horno, lo que permite obtener una textura exterior crujiente. Se utiliza en platos como la panceta a la parrilla y los chicharrones.
El pernil de cerdo procede de la extremidad posterior del animal, siendo una pieza de gran tamaño y alto rendimiento cárnico. Presenta una textura firme y un sabor equilibrado. Debe asarse en el horno o cortarse en filetes para diversas preparaciones. Es también la pieza de origen de productos transformados como el fiambre y el jamón.
El cuello de cerdo se encuentra en la zona del cuello y presenta grasa intramuscular que confiere a la carne una gran jugosidad. Es uno de los cortes más sabrosos del animal. Debe asarse a la parrilla en lonchas o asarse entero, lo que permite mantener la jugosidad de la carne. Se utiliza ampliamente en bocadillos de cerdo y otras preparaciones que requieren carne tierna y jugosa.
El entrecot de cerdo corresponde a la zona de las costillas, con carne que envuelve el hueso. Se trata de un corte jugoso y sabroso. Debe asarse a la parrilla o al horno, lo que permite realzar su perfil aromático. Se utiliza mucho en barbacoas y en platos como el arroz con entrecot.
Las chuletas de cerdo se obtienen del lomo o del cuello, conservando el hueso lateral. Presentan una carne firme, fácil de preparar y de racionar. Deben asarse a la parrilla o freírse, lo que garantiza una cocción rápida y uniforme. Se utilizan ampliamente en comidas cotidianas, acompañadas de arroz, patatas fritas o ensalada.
Las mandíbulas de cerdo proceden de la zona de la cara del animal, siendo un corte rico en tejido conjuntivo. Este corte presenta una textura muy tierna tras la cocción y un sabor intenso. Deben guisarse lentamente, lo que permite obtener una consistencia tierna.
Las manitas de cerdo corresponden a las extremidades de las patas, ricas en colágeno, con una elevada presencia de cartílago y poca carne. Deben cocerse bien o guisarse durante períodos prolongados, garantizando la textura adecuada. Se utilizan en platos tradicionales como las feijoadas.
La oreja de cerdo procede de la cabeza del animal y está compuesta principalmente por piel y cartílago. Presenta una textura cartilaginosa tras la cocción. Debe cocerse previamente y, a continuación, asarse a la parrilla o terminarse de cocinar, dependiendo del plato. Se utiliza sobre todo como aperitivo o entrante.
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Beneficios de consumo
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Entre los cortes más comunes se encuentran las chuletas, la falda, la entrecota, el lomo, la pierna y la costilla, además de otros cortes como el cuello, la paletilla y la panceta, muy utilizados en diferentes preparaciones culinarias.
La carne de cerdo debe alcanzar una temperatura interna mínima de unos 71 °C, lo que garantiza la eliminación de microorganismos y la seguridad alimentaria.
Elegir el corte adecuado para cada tipo de preparación, controlar el tiempo de cocción y respetar la temperatura interna ayudan a preservar el sabor, la textura y la jugosidad.